sábado, 11 de mayo de 2013

¡Cuidado, es frágil!


Supongo que es cierto eso de que la confianza es algo demasiado frágil. Es como todos aquellos vasos que rompí de pequeña y que por más que lloré no pude reparar. Al final, con el paso del tiempo, ha quedado una vajilla un tanto extraña, con piezas que poco tienen que ver las unas con las otras.

En cierto modo, es como la vida. La tomamos entre nuestras manos y, a veces, queremos evitar tanto que se caiga que apretamos con demasiada fuerza. Otras, en cambio, las manos nos tiemblan y todo se nos escurre entre los dedos.

Siempre llega esa persona que piensas que no romperá un plato y te destroza la vajilla completa. Afortunadamente, siempre se queda alguien contigo para recoger los trozos de todo aquello que tanto tiempo te ha costado tener.

Soy consciente de que cada día que pasa cuesta más confiar en alguien. Que las cicatrices quedan para siempre. Pero golpe a golpe aprendí que por cada decepción hay una sorpresa, que todo pasa por algo y que incluso del peor palo puedes sacar un buen bastón.

Lo siento si alguna vez rompí un vaso, una figura a la que le tenías especial cariño. Puede que incluso, a lo largo de mi vida, rompiese unas cuantas vajillas. Lo siento, de verdad. Se lo que se siente y no es fácil de superar. De cada desatino me he llevado un trozo para recordar cuanto dolió dejar caer aquel pedazo de confianza que tanto me costó conseguir para luego echarlo a perder.

Gracias a todas aquellas personas que tuvieron en algún momento mi posesión más preciada, mi confianza, y la cuidaron con tanto mimo y esmero como lo hubiese hecho yo misma. Gracias por no romperla y por darme la certeza y la tranquilidad de dejarla en vuestras manos. Pues para mí, hoy no hay nada que tenga más valor que esa sensación de confianza plena que tengo gracias a ustedes.