miércoles, 9 de abril de 2014

Inefable.

Me preparo para escribir la entrada más difícil de mi vida. Lo cierto es que llevo aplazando todas estas cosas que tengo que decir desde hace muchísimo tiempo, buscando la manera, las fuerzas, las ganas. Supongo que por miedo, porque son cosas que me resultan insuperables. Hablo de esa sensación de vacío que ya me estás dejando, de esas pocas ganas que veo en tus ojos. Hablo de los recuerdos acumulados que me golpean con fuerza, de los ojos rayados cada vez que pienso en ti. Hablo de esta manera odiosa de perderte.

Resulta muy difícil de aceptar que aunque quiero que te quedes tu ya no puedes más con esto. Sé que quieres irte y que todo esto no es justo para ti. Que luchaste durante 85 años de tu vida por todas las personas que querías y que ahora sólo piensas en descansar, en cerrar los ojos a cada instante que puedes. Aunque créeme si te digo que cada instante que los abres para mirarme me hace inmensamente feliz.

Sin embargo, quiero que sepas que por muy lejos que te vayas yo siempre te voy a llevar conmigo, que eres una de las personas más grandes que ha pasado por mi vida. Mi segunda madre. Mi cómplice. Mi sonrisa. Eres todo para mí. Te recuerdo, porque fuiste y has sido la chispa que me ha hecho vivir.

"Cuando alguien a quien quieres muere no lo pierdes de golpe, lo pierdes a trocitos, con el tiempo, como cuando alguien deja de escribirte. Lo que mejor recuerdo de mi madre es su perfume y cuanto la odie cuando empezó a desaparecer. Primero de sus armarios y sus cajones, y luego de los vestidos que ella había cosido, y finalmente, de sus sábanas y su almohada."

~El inolvidable Simon Birch