miércoles, 27 de marzo de 2013

Lo prometo.

Existen pequeñas promesas, que hacen que la vida tenga algo más del sentido habitual. Levantarse temprano, correr, olvidarse cosas.. Cuidar cada pequeño detalle para que la sorpresa sea perfecta. Esperas que merecen la pena. Días comunes, simples, pero extrañamente inigualables.

Porque merece la pena un gran esfuerzo por mantener viva una pequeña ilusión. Porque no importan los intentos, si después de todo una sonrisa llega hasta tus ojos. Porque si el mundo cae encima, el peso no es sólo tuyo. Porque puedo sostenerlo contigo. Incluso, si quieres, podemos moverlo, cambiarlo de rumbo.

Puedes. Podemos. Lo sé.

Lo prometo.

http://www.youtube.com/watch?v=L_xc4YBmtOQ

sábado, 16 de marzo de 2013

Mensaje en una botella..!*

"  - Tranquilo chico, no tengas miedo.

   - No tengo miedo, he visto borrachos muchas veces.

   - ¿Qué pinta tienen?

   - No hay mucho que ver, bueno, no tanto como ellos parecen creer. ¿Cuánto es lo bastante borracho?

   - Buena pregunta, ven aquí y siéntate, te diré cuanto es lo bastante borracho. Bien, lo que aquí se ha planteado es cuanto es lo bastante borracho. Y la respuesta es que depende de las células del cerebro.

    - ¿Del cerebro?

     - Así es. Con cada vaso de licor que tomas acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho porque tenemos millones. Primero mueren las de las tristeza, así que estás sonriente. Luego mueren las del silencio y todo lo dices en voz alta, aunque no haya ninguna razón. Pero eso no importa. No importa porque después mueren las de la estupidez y hablas con inteligencia. Y, por último, las células de los recuerdos.. Esas son difíciles de matar..  "

Tan difíciles que en 20 años apenas has conseguido matar unas pocas de aquellas células que tanto daño te hacen. Me pregunto cómo fue la primera vez que llevaste un vaso lleno de alcohol a tus labios para ahogar tus mayores penas. Me pregunto cómo te sentiste al verlas flotar y me pregunto por qué volviste a ese bar de carretera una y otra vez.

Preguntas a las que jamás llegaré a encontrarle sentido ni respuesta. Sé que aunque mi cuerpo se colmase de  litros y litros de licor jamás llegaré a matar las células de los recuerdos. Sé que sigo siendo la niña pequeña que se abrazaba a su hermana, encerrada en un cuarto y con la música alta, mientras los gritos continuaban. Se que aquella niña de pelos rizados y sonrisa traviesa jamás olvidará cada portazo, cada golpe, cada gesto de desprecio.

Sé que no olvidará lo triste que ha de estar su hermano sabiendo todo esto, lo mucho que lloró su madre con cada borrachera y lo que gritó su hermana por cada una de las injusticias que presenció en esta humilde casa.

Espero que te hayan llegado cada uno de los mensajes que te he mandado en cada botella que has bebido, espero que sólo sea que prefieres estar donde estás y no que mis botellas han acabado varadas en una playa lejana. Espero que algún día encuentres el camino a casa y que estés lo suficientemente sobrio como para acertar con la llave en la cerradura. Estaré esperándote, en casa...

lunes, 11 de marzo de 2013

Promesas vacías..!*

Adoraban aquellas tardes que pasaban juntas. Eran increíbles. Simples pero inigualables, todas y cada una de ellas eran diferentes aunque no hiciesen nada especial, pero estaban juntas. Como siempre. Para siempre.

En esta ocasión, tocaba tarde de vicios. Unas partidas a la Play Station 2 y mucha, mucha, porquería para merendar. Recuerdo que estabas comiéndote el último Phoskito cuando paraste en seco. "Esto engorda". Te levantaste y saliste corriendo al baño.

Corrí tras de ti pero no llegué a tiempo, me tope con la puerta cerrada de nuestro ridículo cuarto de baño y me rompí en pedazos mientras escuchaba como se iba por el retrete todo el esfuerzo que habíamos conseguido en los últimos meses. Escuché el sonido de una promesa al romperse, a pesar de que los fuertes latidos de mi corazón casi me impedían escuchar cualquier otra cosa.

Volví a la habitación, destrozada. Me senté en mi cama y comencé a llorar como nunca antes lo había hecho. Y así fue como me encontraste cuando regresaste. Me preguntaste confundida que que me pasaba y todo lo que fui capaz de responder fue un "me lo prometiste". Desde ese día, no he dejado de tener miedo. Miedo a perderte, miedo a pensar que en cualquier momento puedes volver a romper la promesa más importante que me han hecho nunca.

Desde ese día siento que de poco valía lo que hacía, que en cualquier momento alguien podía tirar por tierra todos mis intentos por mantenerte en pie. Jamás sentí tanta impotencia. Lloré cada una de las veces que volviste a romperla y otras tantas por miedo, por impotencia, por no saber como ayudarte.. Pedí tantas veces por esto, por poderme cambiar y ser yo la que estuviera en tu lugar. Pero nadie me escuchó. Y, si te soy sincera, aún tengo miedo..

domingo, 10 de marzo de 2013

Pasar pàgina..!*

No era la primera vez que ella trataba de pasar página. Tampoco sería la última. De hecho, ya había perdido la cuenta de las veces que había construido un muro contra aquel amor escurridizo.

Hoy ha aparecido una enorme grieta en aquella frágil pared de hormigón y cemento en el que había encerrado su corazón y todas las lágrimas que a duras penas lograba contener se colaron por cada una de las rendijas.

Dobló sus rodillas y apoyó la cabeza en ellas, pidiendo a gritos que la distancia se acortara, en uno de esos momentos desesperados en los que unos brazos aguantan con fuerza el muro. Ese momento en el que te dice un gran amigo que todo va a salir bien.. Y saldrá bien.

Es odioso sentir que no somos escritores de nuestra vida, sino simples lectores que tenemos que limitarnos a aceptar que esto es lo que nos ha tocado leer y, lo cierto, es que sólo nosotros podemos escribir nuestra historia. Podemos. Puedes. Lo sé.

Y por si todo esto fuera poco, nunca estamos solos.. Porque cuando alguien nos quiere, no hay distancia que este lejos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Sorpresas inesperadas..!*


Es curioso como en la vida cometemos los mismos pequeños errores. Llegamos tarde porque pensamos que esos 5 minutos más que vamos a utilizar para seguir durmiendo no nos hacen falta. Dejamos escapar pequeños amores de verano porque no queremos despedirnos. Nos privamos de conocer a muchas personas por vanos prejuicios que nos condicionan. Nos damos la vuelta para buscar el móvil, las llaves… Pero no para pedir perdón. Es justo eso lo que hace la vida interesante. Cruzarte con alguien que en realidad no es como tú pensabas. Que te sorprende. Que se gana tu confianza en un simple pestañeo. Ese tipo de sorpresas que supera con creces los malos tragos que da la vida.

Esos momentos sin aliento, momentos de silencio. Entonces, respiras. Sientes como el aire llena tus pulmones. Primer trago. Segundo trago. Sabor amargo que inunda todas y cada una de mis papilas gustativas. Pero sigues bebiendo, porque hay que afrontar los malos momentos. Porque cada sorbo nos acerca un poco más a la salida de ese bar tan parecido a la vida. Y aunque parezca imposible, llega un momento en el que empiezas a ver el fondo del vaso. Que el mal trago se acaba. Después de haber pasado eso, nos damos cuenta que tampoco ha sido para tanto. ¿Por qué? Porque levantamos la vista y nos damos cuenta de que no estamos solos. De que siempre hay alguien sentado a tu lado, esperando a que todo pase para poder llevarte a casa.

Sonríes. Lloras. Recuerdas. Porque si algo queda de los malos momentos esa horrible cicatriz. Cicatrices que duelen cuando cambia el tiempo. Pero te recuperas. Luchas. Corres. Hablas. Escuchas. Ríes. Encuentras tu camino, tu motor. Incluso vuelves a cantar en la ducha, igual de mal, pero cantas. Y recuperas todo aquello que habías perdido: El amor, la amistad, las ganas, la alegría, las ganas de seguir. Lo que sea. Con las mismas personas, con otras diferentes. Lo importante es que a pesar de todos esos errores cada día la vida vuelve a sorprenderte…

Te sorprende que aunque un día se acabe, otro nuevo vuelva a empezar. Te sorprende encontrar un motivo para seguir un día más. Te sorprende un desconocido por la calle regalándote una sonrisa. Te sorprende darte cuenta un día que has llegado más lejos de lo que jamás habías pensado. Te sorprendes. Te sorprendes mucho, hasta límites insospechados.

Tercera estrella a la izquierda..!*


¡Hola pequeño!

Cuánto tiempo, ¿verdad? Casi toda una vida. Perdona por no haberte escrito antes, la verdad es que no quería aburrirte con los escasos acontecimientos que han tenido lugar últimamente por aquí. Para serte sincera, todo sigue como antes. Mamá y papá están bien. Ya sabes, te echan de menos, aunque no lo dicen. Esto que quede entre tú y yo, pero las cosas cambiaron mucho desde que te marchaste.

Mamá ha tirado con todos nosotros. La verdad es que aunque llore más de la cuenta siempre fue la fuerte, papá sin embargo no ha podido con esto. Es triste verlo así, ¿sabes?. Al final todos nos hemos rendido con él.

Supongo que también quieres saber de mí y te preguntarás por qué de repente esta urgencia porque sepas de nosotros. No sé.. Siento que siempre que me fallan las fuerzas estás aquí. Miro a nuestra familia, distante, herida. No puedo rendirme, sentiría que te fallo a ti que luchaste hasta el último momento por no dejarnos solos. Ojalá no te hubieras ido, sé que eres y siempre has sido las fuerzas que me faltan.

Espero que te estén cuidando igual que lo haces tú conmigo.

"La vida no es justa"


Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que, ante determinadas circunstancias de mi vida o, incluso, de la vida de las personas que me rodean, la frase que más he repetido ha sido "no es justo". Además, la respuesta que he recibido ha sido, en el 99% de las ocasiones, la misma: "La vida no es justa". Y, es que, aunque me duela admitirlo cada día me resulta más complicado encontrar una replica convincente a esa repetitiva contestación.

Vivimos en un mundo en el que a las buenas personas no siempre le sonríe la suerte. Y, eso, no es justo. No es justo que alguien que te quiso, hoy no sea capaz de sacarte una sonrisa. No es justo que quien menos de, sea quien más tiene. Que quien mejor juegue, sea quien pierda la partida. No es justo haberte llevado tantos palos que te miedo querer. No es justo tener que hacerte el fuerte. Tampoco lo es que la persona que esté a tu lado no te valore como te mereces. No es justo tener que decir adiós a alguien. O que alguien a quien quieres se vaya para siempre. Eso sí que no es justo, incluso cuando sabes que te cuidan desde donde quiera que esté.

¿Triste verdad? Pues aún hay más. He visto como han destrozado la vida de alguien por vanos prejuicios. He visto a las personas más grandes con el mayor complejo de inferioridad. He escuchado palabras cargadas de tanto rencor que sólo hacen daño. Y, también, por qué no decirlo he visto como la gente más hipócrita desconfía de la más transparente.

Estoy cansada de repetir la misma frase ante circunstancias tan diversas. Sé que son cosas de la vida, pequeños baches. Sé que todo pasará, siempre pasa. Pero quiero que sepáis que lo es justo es que tengáis mil motivos para sonreír  que lo justo es que os quieran y que os cuiden. Que lo justo es que todas aquellas personas que por un motivo u otro no supieron valoraros se den cuenta de cuanto perdieron.

Sé lo que estáis pensando. Soy una soñadora y una cría por pensar que esto va a cambiar algo. Por pensar que un poco de justicia todavía es posible. Lo sé. La vida seguirá siendo injusta, seguiréis pasando baches. Pero tenía que decirlo: Me pueden la injusticias. Y, aunque las leyes que mueven este mundo sigan siendo las mismas, tenía que decirlo: "Os merecéis ser felices".

Sólo quiero que seáis pacientes. Que todo llega, que todo pasa. Confío en que aunque esté siendo extremadamente lenta, tarde o temprano, la justicia llega.

Guerras frías..!*


En mi cabeza se formulan mil preguntas, pero no sé si quiero escuchar. No sé si puedo. Me preparo, levanto mis defensas y contengo el nudo de mi garganta. Obtengo como única respuesta el mayor silencio que he escuchado jamás. La soledad, la tristeza y el cansancio me invaden y sé que tu indiferencia es la respuesta a mis preguntas y, lo que es peor, a mis sentimientos. Construyo muros, cabo fosos, me escondo tras las trincheras y como si fuera la guerra me protejo con mi escudo de las balas que me lanzas. Corro, grito, huyo mas parece imposible escapar del daño y como sucede en todas las guerras alguien se declara vencedor y alguien vencido.. Me rindo. Me niego a contemplar la destrucción de todo por lo que he luchado y cierro los ojos y espero.. Espero a que todo acabe..

Es en ese momento cuando me doy cuenta de que he malgastado mi vida. Vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de los absurdos gritos, de los silencios incómodos, de la culpa.. y trato de alcanzar un pacto con los demás y conmigo misma. Buscar un sentido y encontrar ese algo que me falta porque siento que cada vez me quedan menos fuerzas para continuar esta lucha sin sentido. Me siento desfallecer. Cada vez me cuesta más curar heridas. Me entristece pensar que soy en gran parte responsable de los estragos que la guerra causa en todos los que estamos involucrados.

Consigo ver en sus rostros el resentimiento, la tristeza y el miedo de la misma manera en que yo puedo sentirlo en carne propia. Es fácil apreciarlo a pesar de los escudos y las máscaras que llevamos, todos nos sentimos igual. Al fin y al cabo, en esta guerra, tan parecida y diferente a las demás, todos hemos sido declarados vencidos.

Vencidos.. Si, eso es lo que somos. Nos hemos dedicado a esperar el descuido de nuestros enemigos, nos hemos llenado de odio y hemos atacado. Clavando puñales sin piedad, contemplando como la sangre corre y el daño desfigura el rostro de quien amamos. Entonces, nos damos cuenta de que es demasiado tarde y que las cicatrices que quedan son imposibles de reparar. Empiezas a sentir.. ¿dolor? No, no es eso. Va más allá.

Sientes desesperación, miedo. Te encuentras en un laberinto en el que no conoces el camino de salida. Intentas huir, rendirte, luchar. Intentas vencer e incluso intentas acabar con tu enemigo. Lo intentas todo. Sin embargo, cada intento es un fracaso. El sentimiento de incertidumbre crece porque quizás no exista nada más difícil de comprender que en este tipo de guerra lo más valioso que se pierde es la felicidad..

Recuerdo que antes de que todo esto comenzara eran más frecuentes las sonrisas, lo buenos momentos. Ahora cada vez son más escasos. Más efímeros y pasajeros. Se tienen más en cuenta las balas que se disparan que las vidas que se perdonan.

Quizás sea tarde, pero comprendo que no puedo esperar a que todo acabe. No puedo mantener mis ojos cerrados esperando el fin. Debo luchar. Luchar sin armas, derribar muros, tapar fosos, dejar atrás las trincheras. Construir un hogar. Sí, ese sería un buen comienzo. Será un camino largo pero lo importante es empezar a caminar. Levanto el pie derecho y avanzo. Hago lo mismo con el izquierdo. De manera automática comienzo a concentrar toda mi energía en darle la dirección correcta a mis pasos y avanzo.. Avanzo hasta llegar a casa..