miércoles, 27 de marzo de 2013
Lo prometo.
sábado, 16 de marzo de 2013
Mensaje en una botella..!*
Tan difíciles que en 20 años apenas has conseguido matar unas pocas de aquellas células que tanto daño te hacen. Me pregunto cómo fue la primera vez que llevaste un vaso lleno de alcohol a tus labios para ahogar tus mayores penas. Me pregunto cómo te sentiste al verlas flotar y me pregunto por qué volviste a ese bar de carretera una y otra vez.
Preguntas a las que jamás llegaré a encontrarle sentido ni respuesta. Sé que aunque mi cuerpo se colmase de litros y litros de licor jamás llegaré a matar las células de los recuerdos. Sé que sigo siendo la niña pequeña que se abrazaba a su hermana, encerrada en un cuarto y con la música alta, mientras los gritos continuaban. Se que aquella niña de pelos rizados y sonrisa traviesa jamás olvidará cada portazo, cada golpe, cada gesto de desprecio.
Sé que no olvidará lo triste que ha de estar su hermano sabiendo todo esto, lo mucho que lloró su madre con cada borrachera y lo que gritó su hermana por cada una de las injusticias que presenció en esta humilde casa.
Espero que te hayan llegado cada uno de los mensajes que te he mandado en cada botella que has bebido, espero que sólo sea que prefieres estar donde estás y no que mis botellas han acabado varadas en una playa lejana. Espero que algún día encuentres el camino a casa y que estés lo suficientemente sobrio como para acertar con la llave en la cerradura. Estaré esperándote, en casa...
lunes, 11 de marzo de 2013
Promesas vacías..!*
En esta ocasión, tocaba tarde de vicios. Unas partidas a la Play Station 2 y mucha, mucha, porquería para merendar. Recuerdo que estabas comiéndote el último Phoskito cuando paraste en seco. "Esto engorda". Te levantaste y saliste corriendo al baño.
Corrí tras de ti pero no llegué a tiempo, me tope con la puerta cerrada de nuestro ridículo cuarto de baño y me rompí en pedazos mientras escuchaba como se iba por el retrete todo el esfuerzo que habíamos conseguido en los últimos meses. Escuché el sonido de una promesa al romperse, a pesar de que los fuertes latidos de mi corazón casi me impedían escuchar cualquier otra cosa.
Volví a la habitación, destrozada. Me senté en mi cama y comencé a llorar como nunca antes lo había hecho. Y así fue como me encontraste cuando regresaste. Me preguntaste confundida que que me pasaba y todo lo que fui capaz de responder fue un "me lo prometiste". Desde ese día, no he dejado de tener miedo. Miedo a perderte, miedo a pensar que en cualquier momento puedes volver a romper la promesa más importante que me han hecho nunca.
Desde ese día siento que de poco valía lo que hacía, que en cualquier momento alguien podía tirar por tierra todos mis intentos por mantenerte en pie. Jamás sentí tanta impotencia. Lloré cada una de las veces que volviste a romperla y otras tantas por miedo, por impotencia, por no saber como ayudarte.. Pedí tantas veces por esto, por poderme cambiar y ser yo la que estuviera en tu lugar. Pero nadie me escuchó. Y, si te soy sincera, aún tengo miedo..
domingo, 10 de marzo de 2013
Pasar pàgina..!*
No era la primera vez que ella trataba de pasar página. Tampoco sería la última. De hecho, ya había perdido la cuenta de las veces que había construido un muro contra aquel amor escurridizo.
Hoy ha aparecido una enorme grieta en aquella frágil pared de hormigón y cemento en el que había encerrado su corazón y todas las lágrimas que a duras penas lograba contener se colaron por cada una de las rendijas.
Dobló sus rodillas y apoyó la cabeza en ellas, pidiendo a gritos que la distancia se acortara, en uno de esos momentos desesperados en los que unos brazos aguantan con fuerza el muro. Ese momento en el que te dice un gran amigo que todo va a salir bien.. Y saldrá bien.
Es odioso sentir que no somos escritores de nuestra vida, sino simples lectores que tenemos que limitarnos a aceptar que esto es lo que nos ha tocado leer y, lo cierto, es que sólo nosotros podemos escribir nuestra historia. Podemos. Puedes. Lo sé.
Y por si todo esto fuera poco, nunca estamos solos.. Porque cuando alguien nos quiere, no hay distancia que este lejos.
lunes, 4 de marzo de 2013
Sorpresas inesperadas..!*
Esos momentos sin aliento, momentos de silencio. Entonces, respiras. Sientes como el aire llena tus pulmones. Primer trago. Segundo trago. Sabor amargo que inunda todas y cada una de mis papilas gustativas. Pero sigues bebiendo, porque hay que afrontar los malos momentos. Porque cada sorbo nos acerca un poco más a la salida de ese bar tan parecido a la vida. Y aunque parezca imposible, llega un momento en el que empiezas a ver el fondo del vaso. Que el mal trago se acaba. Después de haber pasado eso, nos damos cuenta que tampoco ha sido para tanto. ¿Por qué? Porque levantamos la vista y nos damos cuenta de que no estamos solos. De que siempre hay alguien sentado a tu lado, esperando a que todo pase para poder llevarte a casa.
Sonríes. Lloras. Recuerdas. Porque si algo queda de los malos momentos esa horrible cicatriz. Cicatrices que duelen cuando cambia el tiempo. Pero te recuperas. Luchas. Corres. Hablas. Escuchas. Ríes. Encuentras tu camino, tu motor. Incluso vuelves a cantar en la ducha, igual de mal, pero cantas. Y recuperas todo aquello que habías perdido: El amor, la amistad, las ganas, la alegría, las ganas de seguir. Lo que sea. Con las mismas personas, con otras diferentes. Lo importante es que a pesar de todos esos errores cada día la vida vuelve a sorprenderte…
Te sorprende que aunque un día se acabe, otro nuevo vuelva a empezar. Te sorprende encontrar un motivo para seguir un día más. Te sorprende un desconocido por la calle regalándote una sonrisa. Te sorprende darte cuenta un día que has llegado más lejos de lo que jamás habías pensado. Te sorprendes. Te sorprendes mucho, hasta límites insospechados.
Tercera estrella a la izquierda..!*
"La vida no es justa"
Guerras frías..!*
En mi cabeza se formulan mil preguntas, pero no sé si quiero escuchar. No sé si puedo. Me preparo, levanto mis defensas y contengo el nudo de mi garganta. Obtengo como única respuesta el mayor silencio que he escuchado jamás. La soledad, la tristeza y el cansancio me invaden y sé que tu indiferencia es la respuesta a mis preguntas y, lo que es peor, a mis sentimientos. Construyo muros, cabo fosos, me escondo tras las trincheras y como si fuera la guerra me protejo con mi escudo de las balas que me lanzas. Corro, grito, huyo mas parece imposible escapar del daño y como sucede en todas las guerras alguien se declara vencedor y alguien vencido.. Me rindo. Me niego a contemplar la destrucción de todo por lo que he luchado y cierro los ojos y espero.. Espero a que todo acabe..
Es en ese momento cuando me doy cuenta de que he malgastado mi vida. Vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de los absurdos gritos, de los silencios incómodos, de la culpa.. y trato de alcanzar un pacto con los demás y conmigo misma. Buscar un sentido y encontrar ese algo que me falta porque siento que cada vez me quedan menos fuerzas para continuar esta lucha sin sentido. Me siento desfallecer. Cada vez me cuesta más curar heridas. Me entristece pensar que soy en gran parte responsable de los estragos que la guerra causa en todos los que estamos involucrados.
Consigo ver en sus rostros el resentimiento, la tristeza y el miedo de la misma manera en que yo puedo sentirlo en carne propia. Es fácil apreciarlo a pesar de los escudos y las máscaras que llevamos, todos nos sentimos igual. Al fin y al cabo, en esta guerra, tan parecida y diferente a las demás, todos hemos sido declarados vencidos.
Vencidos.. Si, eso es lo que somos. Nos hemos dedicado a esperar el descuido de nuestros enemigos, nos hemos llenado de odio y hemos atacado. Clavando puñales sin piedad, contemplando como la sangre corre y el daño desfigura el rostro de quien amamos. Entonces, nos damos cuenta de que es demasiado tarde y que las cicatrices que quedan son imposibles de reparar. Empiezas a sentir.. ¿dolor? No, no es eso. Va más allá.
Sientes desesperación, miedo. Te encuentras en un laberinto en el que no conoces el camino de salida. Intentas huir, rendirte, luchar. Intentas vencer e incluso intentas acabar con tu enemigo. Lo intentas todo. Sin embargo, cada intento es un fracaso. El sentimiento de incertidumbre crece porque quizás no exista nada más difícil de comprender que en este tipo de guerra lo más valioso que se pierde es la felicidad..
Recuerdo que antes de que todo esto comenzara eran más frecuentes las sonrisas, lo buenos momentos. Ahora cada vez son más escasos. Más efímeros y pasajeros. Se tienen más en cuenta las balas que se disparan que las vidas que se perdonan.
Quizás sea tarde, pero comprendo que no puedo esperar a que todo acabe. No puedo mantener mis ojos cerrados esperando el fin. Debo luchar. Luchar sin armas, derribar muros, tapar fosos, dejar atrás las trincheras. Construir un hogar. Sí, ese sería un buen comienzo. Será un camino largo pero lo importante es empezar a caminar. Levanto el pie derecho y avanzo. Hago lo mismo con el izquierdo. De manera automática comienzo a concentrar toda mi energía en darle la dirección correcta a mis pasos y avanzo.. Avanzo hasta llegar a casa..