sábado, 30 de enero de 2016

     "El 95% de la gente las odia. Perdón, rectifico. Al 95% de la gente no le gustan las matemáticas. Sin embargo, utilizamos con frecuencia los números para representar cosas muy diversas. Es inevitable, necesitamos contar. [...] Pero hay cosas que ni el 5 % al que le gustan las matemáticas sería capaz de calcular. No son sólo números. Son la demostración más evidente de que ni los segundos, ni los centímetros que nos separan son más grandes que todo lo demás. Son números que hablan de lo extremadamente cerca que estamos a pesar de todo. Porque 1 foto basta para traerme 1.843 recuerdos buenos, porque 300 ilusiones valen más que 1 sola espera. Porque no hay números que midan todo esto.. y por muchas cosas más, simplemente...53 178349."

     Arte y ciencia. Extraña mezcla, ¿no crees? Leyes físicas que explican como la luz entra a través del diafragma de tu cámara. La geometría en un cuadro de Picasso. Una escultura de la anatomía humana. Quizás la normalidad esté sobrevalorada. Quizás esa extraña mezcla deje maravillada a millones de personas.

   Jamás llegué a pensar que así como yo conseguí que te disgustasen un poco menos las matemáticas, tú conseguirías despertar en mí un poco de interés por el arte. Yo, que la única asignatura que suspendí fue plástica, que he huido toda mi vida del pincel, de la música y de la poesía. Yo, que siempre me reí de la gente de arte y defendí con uñas y dientes la ciencia. Yo, que le busco explicación hasta al fenómeno más insignificante. Aquí me tienes, fascinada por todo lo que haces y sin encontrarle explicación a todo esto.

      Me pusiste un lápiz en la mano, a regañadientes, y me enseñaste a dibujar sonrisas. Después de mucho esfuerzo aprendí a pintar los días más grises con los colores más bonitos. Entendí que cuando te equivocas siempre puedes borrar y si el material con el que estás trabajando no te lo permite, siempre puedes repetir la lámina.

     Ahora sé un poco más poesía, incluso me sé una de memoria. De hecho, hasta moriría por ir a un recital. Alguno que dure en mis vocablos por siempre, o al menos hasta mañana. ¿No? Quizás esa fue la señal más evidente de que el arte me gustaba. Adoraba como sonaban esas palabras y lo mucho que me emocionaban. Pude ver lo grande que puede llegar a ser el arte, tu arte.

    El siguiente arte que aprendí a querer fue el teatro. Siempre he adorado tu faceta de actriz dramática que tanto me hace reír. Después de un tiempo he logrado aprender a interpretar el papel de hermana mayor y también el de una niña pequeña que juega con su amiga del colegio. Incluso alguna vez te robé el premio a la mejor actriz dramática, para qué negarlo.

      También le perdí el miedo a la escultura y entendí que la arena no es la mejor opción. Me dejé llevar por el arte, olvidando que esperar que un castillo de arena dure toda la vida desafía las leyes de la física. Desde entonces el castillo lo tallo en piedra. Soy consciente de que me llevará más tiempo pero tengo la certeza de que no lo destrozará la primera ola que venga.

     Quizás lo más importante que aprendí del arte es que hay cosas en la vida demasiado grandes como para expresarlas con números. Que a veces el infinito se queda pequeño. Porque no son sólo fotos, son recuerdos de momentos inolvidables. Porque no son sólo dibujos, son regalos. Porque no es una poesía, es parte de nuestra historia.

      Porque después de todo, el arte y la ciencia no son tan diferentes. 

    Porque la ciencia puede llegar a apreciar el arte incluso cuando lo que este exprese no tenga explicación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario