Apretó con fuerzas el collar por última vez y lo lanzó todo lo lejos que pudo. Apenas fue capaz de ver la gotas salpicando cuando cayó al agua. Se acabó. Aquel era el símbolo más importante de uno de sus sueños, ya no tenía sentido tenerlo. Se había dado cuenta de que, a veces, simplemente las cosas no están hechas para uno. De pronto sintió uno brazos que la abrazaban por detrás.
- Sabía que estarías aquí. ¿Estás bien?
- Vaya, últimamente me he vuelto demasiado predecible. ¿No crees?- dibujo una sonrisa y siguió contemplando el mar.- Sí, estoy bien. Solo necesitaba tomar una decisión importante.
- ¿Lo has hecho?
- Sí.
- Y.. ¿Es lo que querías?
- Sí, pero lo quieras o no elegir siempre es renunciar a algo. Aunque sea elegir entre algo bueno y algo mejor, te pierdes lo bueno. ¿Sabes lo que quiero decir?
- Sí.. Te entiendo.
- En cualquier caso eso ya no importa, en la vida no se puede tener todo. Lo he hecho ¿sabes?. He tirado su colgante, pensé que si me deshacía de él quizás..
- Quizás conseguirías deshacerte de lo que sientes, entiendo.
Una lágrima resbaló por su mejilla, ambas guardaron silencio. Sabían que pasaría, como siempre hacía. A veces, es necesario que las cosas duelan para poder sobreponernos. Poco a poco el sol se puso y aquel día gris terminó y aunque por ahora la noche parecía oscura en tan solo unas horas volvió a brillar el sol.
"El arte de perder
no es difícil de aprender,
tantas cosas parecen querer extraviarse
que perderlas no acarrea ningún desastre.
Pierde algo todos los días,
acepta la confusión de perder las llaves.
Perdí dos ciudades,
dos ríos, un continente,
los echo de menos
pero no fue ningún desastre,
aun al perderte la voz burlona ...
un gesto que adoro.
No debí mentir.
Es evidente que el arte de perder
no es difícil de aprender
aunque pueda parecerse ...
a un desastre." - Elizabeth Bishop
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