- "...y los dos pequeños continuaron la historia que juntos habían empezado..." Vaya.. no ha estado mal el cuento de hoy verdad? Aunque seguro que como siempre te has quedado dormida antes de llegar al final... -Sonrió con dulzura y contempló sus facciones relajadas, desde luego parecía como si estuviera teniendo el mejor de los sueños.
Cogió su mano y se quedó en silencio. Sintió el suave tacto y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Volvió a sonreír y apretó la mano con más fuerza. "Yo también te quiero pequeña" susurró. Era una de sus tantas locuras. A menudo solía decir que cuando estaba lejos de alguien a quien quería y no podía darle un abrazo ella era capaz de hacer sentir un escalofrío a la otra persona. Yo solía reírme de sus ideas descabelladas hasta que un golpe de cien kilómetros por hora y mil kilos hizo pedazos uno de los sueños más bonitos de mi vida. Desde ese momento, no ha habido un sólo día en el que no sienta uno de esos escalofríos que me desconciertan.
- ¿De dónde sacas esas historias ?
- ¿Lo de los escalofríos? No lo sé, pero me encanta.- Había respondido distraída, posiblemente maquinando su próxima historia, creando personajes. Héroes. Así los llamaba... Personas que cambiaban su vida. Nos contaba que eramos especiales y que ella sabía que teníamos habilidades que el resto del mundo no tenía. Yo adoraba su imaginación y me encantaba creerme sus historias. Incluso alguna vez llegué a imaginarme sacando de mi aburrido armario un traje especial y poniéndome la ropa interior encima de los pantalones.
Y supongo que eso fue lo que hice cuando ocurrió todo, lo del golpe quiero decir. Recogí los pedacitos en los que me rompí, saqué la sonrisa más amplia que pude y busqué en la biblioteca pública los relatos más locos que encontré. No sé muy bien si lo hice por su manía de pedirme que le contara historias o porque extrañaba su gran imaginación pero cada noche seguía el mismo ritual. Una historia por noche.
Ella iba despistada, como siempre. Habíamos quedado después de semanas sin vernos, salió corriendo para darme un abrazo y nunca llegó a dármelo... Bueno, no físicamente quiero decir. Siempre tenía escalofríos. ¿A quién se le ocurre salir corriendo para darle un abrazo alguien en mitad de un paso de peatones? Sólo ella podía estar tan loca.
En los últimos meses mi corazón se había acompasado a los pitidos de una máquina. A veces, mientras leo me pierdo y tengo que volver a empezar porque el ritmo regular cambia y mi corazón se aceleraba descontroladamente. Pero siempre resultaba ser una falsa alarma. Esos días eran especialmente duros. Mi habitación, ahora se había convertido en una fría e impersonal sala de espera y mis grandes paseos en coche habían sido sustituidos por pequeñas y rápidas visitas a la máquina de café. Mi cama era un sillón incómodo en el que a duras penas dormía cuando mis ojos se negaban a mi deseo de mantenerme despierta y el abatimiento y el cansancio podían conmigo.
"Se pondrá bien verdad? Ella se va recuperar doctor, yo lo sé, siempre ha sido fuerte." "No podemos asegurarle nada, su situación es complicada. " No importaba, supongo que somos demasiado testarudos como para asumir que a veces las cosas no salen como queremos pero que cuando quieres a alguien no podemos asumir tan fácilmente que tenemos que decirle adiós. Y yo no estaba dispuesta a asumirlo.
"¿Sabes? Me dijiste que ibas a tardar mucho en irte y esto no ha sido mucho. Así que tienes que volver, ¿me escuchas? Pero tómate tu tiempo pequeña, siempre dijiste que las cosas buenas se hacen esperar.."
Así que se aferró a su mano como aquella enana se había aferrado a la vida y como tantas otras veces, se quedó dormida mientras el libro que tenía entre las manos resbalaba, soñando el final feliz de su propia historia...
¡Vaya! Hacía tiempo que no me pasaba por aquí y voy y me encuentro dos entradas nuevas pendientes de leer... :) ¡Me gusta! n_n
ResponderEliminarGracias ^^
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