lunes, 4 de marzo de 2013
Guerras frías..!*
En mi cabeza se formulan mil preguntas, pero no sé si quiero escuchar. No sé si puedo. Me preparo, levanto mis defensas y contengo el nudo de mi garganta. Obtengo como única respuesta el mayor silencio que he escuchado jamás. La soledad, la tristeza y el cansancio me invaden y sé que tu indiferencia es la respuesta a mis preguntas y, lo que es peor, a mis sentimientos. Construyo muros, cabo fosos, me escondo tras las trincheras y como si fuera la guerra me protejo con mi escudo de las balas que me lanzas. Corro, grito, huyo mas parece imposible escapar del daño y como sucede en todas las guerras alguien se declara vencedor y alguien vencido.. Me rindo. Me niego a contemplar la destrucción de todo por lo que he luchado y cierro los ojos y espero.. Espero a que todo acabe..
Es en ese momento cuando me doy cuenta de que he malgastado mi vida. Vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de los absurdos gritos, de los silencios incómodos, de la culpa.. y trato de alcanzar un pacto con los demás y conmigo misma. Buscar un sentido y encontrar ese algo que me falta porque siento que cada vez me quedan menos fuerzas para continuar esta lucha sin sentido. Me siento desfallecer. Cada vez me cuesta más curar heridas. Me entristece pensar que soy en gran parte responsable de los estragos que la guerra causa en todos los que estamos involucrados.
Consigo ver en sus rostros el resentimiento, la tristeza y el miedo de la misma manera en que yo puedo sentirlo en carne propia. Es fácil apreciarlo a pesar de los escudos y las máscaras que llevamos, todos nos sentimos igual. Al fin y al cabo, en esta guerra, tan parecida y diferente a las demás, todos hemos sido declarados vencidos.
Vencidos.. Si, eso es lo que somos. Nos hemos dedicado a esperar el descuido de nuestros enemigos, nos hemos llenado de odio y hemos atacado. Clavando puñales sin piedad, contemplando como la sangre corre y el daño desfigura el rostro de quien amamos. Entonces, nos damos cuenta de que es demasiado tarde y que las cicatrices que quedan son imposibles de reparar. Empiezas a sentir.. ¿dolor? No, no es eso. Va más allá.
Sientes desesperación, miedo. Te encuentras en un laberinto en el que no conoces el camino de salida. Intentas huir, rendirte, luchar. Intentas vencer e incluso intentas acabar con tu enemigo. Lo intentas todo. Sin embargo, cada intento es un fracaso. El sentimiento de incertidumbre crece porque quizás no exista nada más difícil de comprender que en este tipo de guerra lo más valioso que se pierde es la felicidad..
Recuerdo que antes de que todo esto comenzara eran más frecuentes las sonrisas, lo buenos momentos. Ahora cada vez son más escasos. Más efímeros y pasajeros. Se tienen más en cuenta las balas que se disparan que las vidas que se perdonan.
Quizás sea tarde, pero comprendo que no puedo esperar a que todo acabe. No puedo mantener mis ojos cerrados esperando el fin. Debo luchar. Luchar sin armas, derribar muros, tapar fosos, dejar atrás las trincheras. Construir un hogar. Sí, ese sería un buen comienzo. Será un camino largo pero lo importante es empezar a caminar. Levanto el pie derecho y avanzo. Hago lo mismo con el izquierdo. De manera automática comienzo a concentrar toda mi energía en darle la dirección correcta a mis pasos y avanzo.. Avanzo hasta llegar a casa..
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